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Retrato de joven

Caracas, Venezuela

Hombre del campo

Sabana Redonda, Lara, Venezuela

Joven emprendedora

Impact Hub, Caracas, Venezuela

Mujer de Birongo

Birongo, Miranda, Venezuela

Retrato de la risa

Birongo, Miranda, Venezuela

Bitácora de un hombre abandonado

Hoy desperté como nunca, al mirar hacia el espejo y no ver el reflejo de tu rostro mientras peinas tus cabellos...
ni la silueta de tu espalda desnuda, que a mis ojos deleita y a mi alma sosiega...
el contemplarte bella, radiante más que el amanecer mismo; mirarte y mirarme en ojos tan bellos...
porque no es despertar esto de encontrarme solo y en una penumbra ciega.
El olor del café, sin el toque glamoroso de tu perfume, me resulta obsceno, hereje...
sin ese sonido atiborrado de dulzor que da tu voz cuando me nombra, me siento yo mismo ausente...
que tu boca no haya rosado la mía en el gesto cotidiano de querernos, hiere...
pierde el sabor la fruta, la miel y el néctar cuando conmigo en la mesa no estás presente.
Mirar la casa, los cuadros, los suelos, los techos y las barandas; porque no saco a mis ojos de tu extravío...
el silencio grita, retumba, merodea y me incomoda; un leon sin su presa que me observa y se detiene...
no hay roces, caricias ni estremecimiento; una perdida total de tacto, de piel, un sin sentido...
la bocanada de humo que engullo para estrangular esta ansia de correr a buscarte y perderme.
Hoy desperté como nunca, no me hallé, no pude verte.


El sol amanece en tus ojos

La tibia luz de la mañana, esa calidez de tu mirada
El cantar de los pájaros sólo evoca el dulzor de tu voz
Tu sonrisa sobrecoge y me alimenta
Tu historia, tu vida, llena de luz cada rincón, como el intruso rayo de sol que se cuela por la ventana
Confío en cada amanecer, que vuelve día tras día,
así como el sol de tu presencia despierta este amor mío

Resiento que no estés aquí conmigo

Resiento que no estés aquí, conmigo, cuando tomo la taza de café al desayuno...
golpeando con firmeza mis dedos la superficie de la mesa de madera...
la muñeca en giros leves, suaves y sostenidos, va alimentando mi boca hambrienta...
mis ojos se pierden entre las tintas negras del periódico, quizá buscando una noticia tuya.
Resiento que no estés aquí, conmigo, durante la afanosa jornada de esta oficina inmensa...
veo la pantalla, con las manos entretenidas en una danza sobre un teclado gastado...
los resultados de la aritmética asistida por circuitos infinitos que desconozco en su esencia...
entrecerrar los ojos para que los trazos de tu rostro en mi memoria resulten más nítidos.
Resiento que no estés aquí, conmigo, cuando imbuido por el tropel de seres me dirijo al mostrador...
el redondel del rostro de la dependiente me pregunta lo que quiero, el menú del día...
el tintineo del metal sobre la cerámica de los platos, un ir y venir de bocados...
quizá evocar el sabor de tus labios me atiborre hasta la saciedad.
Resiento que no estés aquí, conmigo, cuando la fatiga me crispa la espalda...
el dolor de cuello se disipa mientras lo giro y abrazo mis manos hasta que truenan mis dedos...
la chaqueta recogida del respaldo de la silla, el maletín que vuelve a colgar de mi hombro...
el suspiro que desecho porque no te siento cerca.
Resiento que no estés aquí, conmigo, al cruzar bajo el dintel de la puerta...
porque quiero escuchar el saludo de un "te quiero", mientras oigo tus pasos...
y en un choque dulce, sereno, una mancha roja de tus labios invada mi rostro cansado...
porque justo es ahora cuando empezaría este día a tener sentido.